Los buenos hábitos

«Siembra un pensamiento, cosecha una acción; siembra una ac­ción, cosecha un hábito. Siembra un hábito, cosecha un carácter; siembra un carácter, cosecha un destino», esta frase, atribuida a diferentes pensadores, encierra algunas claves muy útiles en prevención de riesgos laborales.

Básicamente, nuestro carácter está compuesto por nuestros hábi­tos y los hábitos son factores poderosos en nuestras vidas. Son pautas consistentes, costumbres, que realizamos de modo casi inconsciente, que de modo constante y cotidiano marcan nuestra manera de hacer. En prevención de riesgos laborales los buenos hábitos , las buenas costumbres son un factor clave para mantener conductas seguras y evitar accidentes.

De hecho, si analizamos los accidentes, vemos que siempre son una secuencia de desastrosas coincidencias, donde las acciones de la persona, las malas costumbres o la excepción son protagonistas. Nunca encontraremos un buen hábito como factor generador de un accidente o de una enfermedad profesional.

Por ello generar buenos hábitos en el trabajo nos puede aportar numerosos beneficios. Son ejemplos de buenos hábitos: revisar el material necesario antes de iniciar un trabajo, parar unos minutos antes del fin de la jornada laboral para ordenar y limpiar, parar la maquina si es necesario manipularla, limpiarse las manos antes del descanso para comer, mantener las herramientas de trabajo en buen estado, utilizar los equipos de protección cuando se requieren…

Generar buenos hábitos no es una tarea fácil. Los expertos apuntan en cuatro direcciones claves para favorecer su implantación a nivel de empresa : Ponerlo fácil, recompensas, poner difícil el hábito opuesto y constancia.

Vamos a verlo con un ejemplo práctico: Quiero mejorar el orden y la limpieza en el taller. Veamos algunas ideas que podríamos aplicar

Ponerlo fácil:

  • Comprar y mantener stock de material de limpieza, aspirador, escobas, cubos para basura, productos de limpieza, paños, papel desechable.
  • Instalar una señal acústica que indique que se inicia el tiempo de limpieza.
  • Asignar un tiempo razonable para la tarea.
  • Carteles motivadores.
  • Tirar todo aquello que no sea útil ni necesario.

Recompensas: Dar un pequeño incentivo económico o algún tipo de beneficio corporativo si se consiguen los objetivos. O simplemente, felicitar de vez en cuando por el buen trabajo realizado.

Poner difícil el hábito opuesto: Cuando se detecten deficiencias, indagar de forma inmediata sobre el responsable y solicitar el motivo. De este modo también puede surgir información sobre algún aspecto susceptible de mejora.

Constancia: Mantener en el tiempo las actuaciones anteriores. Normalmente con algunos meses es suficiente para que la acción se convierta en un hábito y se realice sin necesidad de esfuerzo suplementario.

Seguramente cada empresa podría añadir nuevos y creativos ítems en cada uno de los puntos del ejemplo, en cualquier caso, las ventajas a nivel empresarial que se pueden obtener son evidentes y significativas: Será más fácil encontrar equipos y herramientas, con lo que aumenta la productividad, se mejora de la imagen general de la empresa, especialmente importante si tenemos visitantes externos, en entornos limpios y ordenados el personal trabaja más a gusto, y por último, se reduce el riesgo de accidentes.

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